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Manjúa frita

18 Ago

Manjua frita

Varadero, es ése lugar idílico que los cubanos situamos como ejemplo cada vez que se habla de una playa. Nos referimos a Varadero como la mejor playa del mundo. Bueno, no es la única pero a su vez Varadero es único… Como recuerdo ese lugar, su dársena… En la época en que Varadero sólo contaba con tres hoteles y unos ranchones donde se degustaba una comida marinera muy buena, mi tio Raul Vilá me mostró Varadero por primera vez. Con él aprendí a comer manjúas fritas, y confieso que es una de las frituras más sabrosas que he comido en mi vida. La manjúa es el nombre que le damos en Cuba en lenguaje coloquial a las chicas flacas, pero a su vez no es otra cosa que el chanquete, catí o sonso. Si no es el mismo pez, son primos, la fritura de manjúa con una buena cerveza fría es una delicia y si es con la compañía de mi manjúa, perdón, de mi flaca, es mucho mejor.

 

1 kg de manjúas

1 cabeza de ajo

0,5 l de aceite de oliva

0,5 l de aceite de colza

200 g de harina de trigo

2 limones criollos (lima en Europa)

pimienta blanca (fresca molida)

sal

papel absorbente

 

Salpimentar las manjúas y pasarlas por la harina.

Calentar la mezcla de aceites en un recipiente profundo, con los dientes de ajos sueltos pero sin pelar. Comenzar a freír cuando el aceite esté caliente. No llenar todo el recipiente para poder sacar las piezas sin que se peguen unas con otras. Colocar en un colador y seguido sobre papel absorbente. Servir con el limón criollo.

 

Recomendaciones

Uso una mezcla de aceites para lograr un resultado más neutral en cuanto a sabor y a su vez uso colza por su gran contenido de Omega 3.

Los ajos no se deben pelar, sólo separar los dientes. De esta forma el aceite recibe el perfume del ajo sin que se queme.

Es importante freír con el aceite bien caliente y no todo el pescado a la vez.

Espagueti con langosta

19 Jul

Espagueti con langosta

No sé si fue en Islas en el golfo. No sé si fue en alguna entrevista a Gregorio o a otro Fuentes – me refiero a Norberto. No sé de dónde lo saqué, pero lo leí, lo recuerdo. Alguien le dijo a Hemingway: “Vas a comer tres platos superiores a los que puedas comer en el Ritz de NY.” Uno de ellos era éste espagueti con langosta.

Esto comí la última vez que me embarqué en Cuba con mi hijo menor Douglas – de igual nombre que yo – al salir a bucear con los tiburones toros de Camagüey. El patrón del yate, luego de sacar unas langostas con Diepa – uno de los mejores buzos recreativos que he conocido en mi vida – nos deleitó con este plato.

Lo relatado sobre Hemingway, se lo dejo a su biógrafo Fuentes, ya que para mi gusto – con o sin las langostas – es el quien sabe más de aquel gringo loco que eligió Cuba como refugio y gozadera.

 

2 colas de langostas de porte mediano

400 g de espaguetis

1 cebolla grande

4 dientes de ajo

2 tomates maduros

1 dl de ron oscuro

1 dl de vino seco

2 cucharadas de puré de tomate

aceite de oliva

pimienta fresca molida

orégano seco

sal

 

Cocer los espaguetis según las indicaciones del envase con sal y un chorrito de aceite de oliva.

Cortar las colas de langosta en anillos y marcarlas en una sartén caliente con un chorrito de aceite de oliva, retirarlas y seguir en la misma sartén por éste orden: el ajo, el orégano, la cebolla y el tomate (todos previamente bien cortados en brunoise. Continuar colocando los anillos de langostas salpimientando a gusto. Calentar y flambear con el ron. Seguir a fuego lento, adicionando el vino seco y el puré de tomate, durante unos minutos.

Cuando los espagueti estén al dente, escurrirlos y saltearlos en la sartén con la salsa.

 

Recomendaciones

No preparo la pasta fresca, ya que éste es un plato elaborado por marineros en la mar y la elaboración de pasta conllevaría mucha faena para estos hombres.

No lavar el sartén luego de marcar los anillos de langosta acentúa el sabor a marisco.

Saltear los espaguetis con la salsa en la sartén proporciona un mejor resultado que servir la salsa sobre la pasta ya cocida.

Mantener la cáscara de la langosta, de igual forma intensifica su sabor.

Calamares rellenos de camarones

6 Jul

Calamares rellenos de camarones

En alguna ocasión los comí en Cuba rellenos de los tentáculos del propio calamar o de picadillo (carne molida en Cuba). Comencé a tener contacto con este plato de forma profesional cuando trabajé en el sur de Francia, allí llamado calamars farcis. En mi andadura por las cocinas catalanas, los elaboré en alguna ocasión. Debo reconocer que me fascinan los que se hacen en Cataluña, rellenos de butifarra catalana o de setas. Hace unos meses, una amiga de la infancia, Lizyamel, me mostró una receta de calamares rellenos de cangrejo. La verdad es que me tentaron mucho. En un segundo, mi mente los asoció con el Xangurro Vasco, pero yo tenía entre ceja y ceja  esta versión hace mucho tiempo. Me gusta la idea de aprovechar el coral de las gambas para hacer la salsa (será la deformación profesional de aprovecharlo todo).

 

4 calamares de porte medio grande

250 g de camarones chicos

1 cebolla mediana

1 ramillete de perejil

100 g de pan rallado

2 yemas de huevo

pimienta blanca, fresca y molida

aceite de oliva

sal

palillos para pinchos

 

Limpiar los calamares reservando las patas para otros menesteres. Marcarlos en una sartén con un chorrito de aceite de oliva y colocar sal a gusto.

 

Relleno

Pelar los camarones reservando la cáscara para la salsa y cortarlos por la mitad. Unir el pan rallado, el perejil y la cebolla previamente bien cortados con las yemas de huevo. Colocar pimienta blanca y sal a gusto.

Rellenar los calamares sin presionar demasiado para que no revienten y se salga el relleno.. Colocar en la abertura un palillo de pinchos y ponerlos en la salsa a fuego medio bajo durante 40 minutos aprox.

 

Ver la receta de la salsa en el apartado de Salsas y mojos.

 

Recomendaciones

Al colocar los calamares rellenos en la salsa, ésta debe estar ya en ebullición para que el relleno se amolde al calamar.

No darles la vuelta a los calamares rellenos en la sartén nunca con tenedor para no abrir huecos.

Mi fricasé

10 Jun

Mi fricasé

Hace mucho tiempo siento deseos de expresar publicamente algo que siempre he percibido con respecto a mi oficio: sobre la cocina todos opinan, que si le podía poner más sal al pescado, que si la verdura no está cocida lo suficiente, que por qué razon hace el atún medio crudo, que si esa receta no es así. En una reunión familiar el fin de semana,  yo saqué a colación esto y me respondieron “es que todos comemos”. Sí, es verdad, pero todos arreglamos el coche y nadie le dice al mecánico como apretar los tornillos. Todos reparamos los zapatos y nadie le dice al zapatero que use otro tipo de goma o por qué el pintor pinta en vertical y no en horizontal. Será que todos tenemos un cocinero dentro, qué maravilla, pues ¡bienvenidos todos a los fogones! Los cocineros nos sentaremos a ser servidos  alguna vez en la vida. Es por esa razón que en este plato no he tirado de oficio pero sí de personalidad, por eso lo llamo “mi fricasé” y no “fricasé de pollo”.

 

1 pollo

2 zanahorias

2 papas medianas

200 g de calabaza

100 g de aceitunas

1 aji verde (pimiento en Europa)

2 tomates rojos medianos

2 cebollas medianas

4 dientes de ajo

1 rama de canela

2 hojas de laurel

Bijol

orégano seco

comino

pimienta blanca fresca molida

orégano cubano fresco

1 vaso de vino seco (vino amontillado)

150 g de puré de tomate

aceite de oliva

1 cucharada de azúcar

sal

 

Cortar el ajo bien fino y comenzar a sofreírlo con un  chorro de aceite de oliva. Seguir con la cebolla y el ají, previamente cortados. Porcionar el pollo en octavos, dorarlo con la verdura ya sofreida. Incorporar las especias secas, las papas, los tomates, la zanahoria y la calabaza – todos cortados en brunoise – y las aceitunas. Seguimos sofriendo, añadiendo el puré de tomate y el vino. Ponemos la cucharada de azúcar, sal y pimienta a gusto. Colocamos agua solo hasta cubrirlo todo, subimos la cocción al máximo hasta que rompa a hervir y acto seguido bajamos a un fuego medio bajo durante una media hora aproximadamente. Por último colocamos el orégano fresco.

 

Recomendaciones

Sofreír bien el pollo, esto nos garantiza un mejor resultado.

Las aceitunas que he usado son del tipo kalamatas griegas, por tema sabor. Pienso que unas aceitunas aragonesas o del sur de Francia vendrían igual de bien.

Es importante incorporar el orégano fresco al final y no al principio, proporciona frescura.

El pollo es aconsejable lavarlo y no he utilizado ninguna vicera.

Amarillo con chorizo y maíz

30 May

Arroz amarillo con chorizo y maíz

Estoy seguro que a cualquier cubano que le cite estas palabras como adivinanza, me responderá “arroz”. Hace unos días entró en el blog un amigo de la infancia, dejó un comentario sobre un arroz amarillo con Bijol en época de crisis y luego de las fiestas de la juventud donde nos reuníamos el Brujo, el Mocho, el Fingo, Tartaleta, Mermelada, Yoyi, Sergio el loco, Pacotilla y, el autor de estas líneas, el Conde del arroz amarillo, entre otros apodos. En el barrio, todos teníamos un apodo, formaba parte de ese juego de la juventud y el humor cubano que no conoce fronteras y en ocaciones es cruel, pero muy divertido. Mi misión, encomendada por mi mismo y como dice mi amigo, era cocinar siempre algo luego de la fiesta o simplemente después de la tertulia nocturna. Creo que esa faceta de cocinero improvisado marcó un poco mi destino. El arroz como recurso y economía era la solución idónea para un grupo de hambrientos adolescentes. Ésta receta con un chorizo de menor calidad envió a casa a unos cuantos jóvenes con la barriga llena y el corazón contento.

 

400 g de arroz (tipo grano largo)

6 chorizos tipo español

3 mazorcas de maíz

2 cebollas medianas

4 dientes de ajo

1 dl de vino seco ( vino tipo amontillado)

1 cucharada sopera de puré de tomate

aceite de oliva

comino

orégano

2 hojas de laurel

pimienta negra fresca molida

Bijol

pimentón picante

sal

 

Cocer las mazorcas de maíz y retirarlas cuando estén blandas. Desgranarlas con la ayuda de un cuchillo cuando hayan bajado de temperatura. Reservar el agua.

Cortar el ajo bien fino y sofreírlo en una cazuela grande con un chorro de aceite de oliva. Seguir con la cebolla y las especias secas, luego el chorizo, la cucharada de tomate y el vino seco. Agregar el arroz previamente lavado en agua fria, seguir con los granos de maíz y remover a fuego lento, sofriéndolo todo. Poner sal a gusto y subir el fuego agregando el agua del maíz. Lo llevamos a ebullición, lo tapamos y bajamos el fuego manteniéndolo unos minutos a fuego muy lento. Lo apagamos y dejamos reposar unos 10 minutos.

La medida idónea es por cada cantidad de arroz, sea taza, vaso o en este caso gramos, ponemos 1,5 de agua.

Cordero a la menta seca, rociado con vino tinto

23 May

Cordero a la menta seca

Mi abuela paterna, Silvia Molé Betancourt, dejó Cuba en la década de los 60. En su última visita a la isla, le trajo a mi padre varias bolsas de especias, entre ellas una que me llamó mucho la atención: la menta seca. La abuela nos hizo un cordero a la menta con abundante vino tinto y muchísima intuición. No recuerdo haberla visto medir nada, cocinó ese cordero como un director de orquesta, combinando los sabores de acuerdo a sus notas. La abuela me contó – casi a modo de confesión – que era una vieja receta de su mamá – mi bisabuela, América Betancourt Céspedes (prima hermana de Carlos Manuel de Céspedes, alguien que para mi tiene un significado muy notable en nuestra historia). América, entre otras cosas, colaboraba en la revista Orto en la época de Poveda y Boti con buenos poemas y alguna narrativa. Ha caído en el olvido, pues en la literatura cubana, si no eres Carpentier o Lezama, en unas décadas desapareces. A mi, lo que me gustaría que perdurase para las próximas generaciones, es el cordero de mis abuelas.

 

2 kg de carne de cordero (preferiblemente pierna)

1 botellla de vino tinto

100 g de puré de tomate

50 g de harina de trigo

4 zanahorias

2 cebollas medianas

2 tomates grande maduros

4 dientes de ajo

romero seco

menta seca

2 hojas de laurel

pimienta fresca molida

1 cucharadita de azúcar

sal

 

Limpiar la carne de todas las partes grasas no deseadas para luego trocearla manteniendo los huesos. Limpiar y cortar en trozos las zanahorias, la cebolla y filetear los ajos.

En un recipiente, colocarlo todo incorporando las especias secas, cubrirlo con el vino y llevarlo a la nevera por unas 24 hrs.

Con la ayuda de un colador pasamos todo el vino. Ponemos una cazuela grande con un abundante chorro de aceite de oliva y comenzamos marcando los trozos de carne pasados por harina. Es el momento de poner sal a gusto. Seguimos con las verduras del marinado e incorporamos los tomates previamente cortados en brunoise. Continuamos sofriendo con el puré de tomate, adicionando la cucharadita de azúcar seguido por el vino y dos vasos de agua.

Cocemos a fuego lento lo suficiente como para que la carne sea bien melosa.

 

Recomendaciones

No se pone sal en el marinado ya que seca la carne.

De igual forma, no uso tomate en el marinado para evitar fermentación.

Usamos más menta que romero, la idea es que predomine el sabor fresco.

La carne ha de sellarse bien en aceite antes de comenzar a cocer. De lo contrario, hervimos y el resultado no será bueno.

He usado un vino francés del sur: un Côtes-du-Rhône.

 

Camarones al orly

14 May

Camarones al orly

Al triunfo de la revolución en Cuba, el maître del restaurante el Potín era Aquilino Otero e Isoba, mi tío abuelo. El restaurante tenía fama, entre otras cosas, por sus camarones al orly.

Un día recibió una visita inesperada: Juan Almeida Bosque (comandante de la revolución), con ánimo de cenar sobre las 8 pm, quiso entrar – él y todos sus escoltas en mangas de camisa. Se encontraron con el maître Aquilino Otero e Isoba que los frenó con esa virtud que tienen los caballeros – con modales y autoridad. Juan Almeida no habrá entendido nada al verse parado por un tipo que le dijo que no podía pasar – que se lo dijera a Almeida, el guerrillero que se metió de frente en plena trayectoria de una bala (lo salvó la cuchara que llevaba en el bolsillo derecho de la camisa), Almeida que en la Tierra sólo le temía al mal humor de Fidel…

Almeida fue retado por el tío Aquilino que le aseguró que si entraba  al salón en mangas de camisa contra la etiqueta del restaurante, se bajaba los pantalones. Almeida entró y el tío mostró sus nalgas blancas asturianas…*

El tío y Almedia ya no viven. Afortunadamente los camarones al orly han perdurado.

 

1 kg de camarones de talla 8-12

1 cerveza

250 g de harina de trigo

0,5 L de aceite de oliva

0,5 L de aceite de girasol o colza

6 dientes de ajo

2 limones criollos (lima en Europa)

pimienta blanca fresca molida

sal

 

Limpiar los camarones y colocarlos a macerar mínimo dos horas en el refrigerador con el ajo bien cortado, la pimienta blanca y el zumo del limón.

Mezclar la cerveza y la harina, batiendo hasta lograr una mezcla homogénea. La textura debe ser un poco compacta para lograr que se quede en la carne de los camarones.

Unir los dos tipos de aceites en un recipiente para freir – sea sartén, cazuela o wok. Retirarle el zumo del limón a los camarones y ponerles sal. Pasarlos por la masa cubriéndolos y dejándoles la cola libre para luego freírlos unos 2 ó 3 minutos por cada lado.

Los he servido con unos chips de albahaca (que no es más que freír las hojas) y escamas de sal. Para la salsa, en este caso, he usado una vinagreta de limón criollo (se encuentra la receta en la categoría Salsas y mojos).

 

Recomendaciones

No usar demasiada mezcla por camarón, sólo ha de cubrir un poco.

La mezcla de aceites tiene el objetivo de buscar un sabor un poco más neutral.

No uso sal en el marinado para que no se seque la carne.

Comenzar a freír cuando el aceite esté caliente y luego pasar los camarones por papel absorbente.

 

 

* El relato forma parte de una recopilación de datos de un futuro libro de mi hermano George Rudd.